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Cambiar eventos del pasado

5 de enero de 2013

Pensamientos II


Mira atrás, sabes que nunca será lo mismo, nunca será como cuando tenías quince años, nunca será como cuando la vida te daba igual, nunca será como cuando todo te resbalaba, nunca será como cuando no tenías responsabilidades.
Aprende de lo que tengas que aprender,  olvida de lo que tengas que olvidar. Simplemente recuerda que nunca será como antes.

5 de diciembre de 2012

Pensamientos I

Preguntas que te asaltan a horas imprevisibles. Respuestas que alcanzan esas preguntas con un grito, con un suspiro que transmite confianza.
No, estas horas son las que hay que evitar, traen viejos recuerdos, recuerdos que consideras importantes, recuerdos que forman parte de ti, recuerdos... ¿Qué seríamos sin los recuerdos? Todos vivimos para dejar un recuerdo en alguien.

Si eres capaz de acordarte de alguien en estos momentos, estás vivo, más vivo que nunca.

Lo jodido es que pienses en la misma persona y que no consigas sacar que es lo que os llevó al más puro desastre.

5 de agosto de 2012

Sorprendido por no dejar de sorprenderme.


Monotonía, cansancio, aburrimiento. Abrumado por la verdadera cara de algunas personas, sorprendido por no dejar de sorprenderme.
Supongamos que esta noche no estoy cansado, supongamos que nada ha pasado, supongamos que por más que te odie no dejo de quererte. Algún día tenía que ocurrir, ha tardado para bien o para mal, pero ahora es cuando hay que ser fuerte, olvidarse de todo, tirar del lastre de esta relación y salir a flote, a la espera de que algún náufrago como nosotros nos recoja.
Yo me dejaré llevar por la corriente, es mucho más fácil, mucho más directo, y, sobretodo, menos doloroso. No quiero seguir sorprendiéndome, pero no siempre querer es poder.

12 de junio de 2012

Ciudad blanca III

Cielo, sé que te quieres quedar con nosotros

Esa noche no durmió nada, sabía que era imposible rechazar ese viaje sin perder su empleo, pero también estaba seguro de que no hacerlo le llevaría a la ruina. Estaría arruinado moralmente. Su mujer e hijos le necesitaban. Nunca antes se había cuestionado el papel que desempeñaba en ese teatro que le esperaba al entrar en casa. Él llegaba y encontraba todo igual, no le importaba quién fuera la persona encargada de mantener tal orden en el hogar, no le importaba que sus hijos supieran cantar, dibujar, soñar, sumar... Lo único que le importaba era darles los recursos para sobrevivir, sin embargo no se había dado cuenta de que no todo tenía su base en la supervivencia.
El ser humano no sólo se compone de necesidades físicas, cada actividad le define como lo que es, un ser inteligente, con luz propia. No es menos importante formarse intelectualmente que comer. Es cierto que sin lo segundo sería imposible lo primero, pero ello no quiere decir que todo se fundamente en mantener la existencia.
Mateo había pasado toda su vida atado a unas normas y sirviendo a unas personas de escaso valor moral a cambio de un triste salario, su vigor se fue desprendiendo de él, pero su honestidad y honradez quedaron intactas. Era lo único que le separaba de sus superiores.
Que no os engañen sus lujosas pertenencias o sus falsas sonrisas y miradas de superioridad, su vida tiene menos entereza que la de un mendigo. Su existencia no vale una mierda para la sociedad. Son la lacra que impiden una igualdad real entre personas.

"Mientras siga teniendo a mi familia a mi lado no temeré nada". Con este pensamiento Mateo cayó en un profundo sueño.

El despertador sonó muy pronto, parecía no haber pasado ni diez minutos desde que cerró los ojos en compañía de su mujer. Se giró para verla. Estaba guapa incluso durmiendo, las marcadas ojeras de toda una vida de lucha y resistencia aumentaban el esplendor de su rostro. Formaban un conjunto perfecto, como si sus padres lo hubieran querido así. La naturaleza es muy caprichosa.

-Cariño, no tengo claro que hacer. Sé tu respuesta, pero quiero que la medites cinco minutos más.
-Cielo, sé que te quieres quedar con nosotros, sé todo lo que sufres y, por supuesto, sé lo mucho que te costó dormirte ayer. Tienes que decidir tú por la familia. Es lo que te corresponde como padre.
-No me puedes dejar sólo en esta elección. ¿Y si no encuentro otro trabajo? ¿Y si el que encuentro es peor? ¿Y si...
-Por una vez arriésgate.
-No me arriesgo yo solo, arriesgo a una familia entera. Si fallo en mi elección os aboco al fracaso. No podría seguir con esa tortura. Mi deber es proporcionar un futuro a mis hijos.
-Yo también puedo buscar trabajo.
-Todo el mundo nos mirará mal. Ha ganado Maura las elecciones. Mayoría conservadora...
-Conservadores o no en el poder, sigue habiendo el mismo machismo en la sociedad.
-Ese es otro cantar, y sabes perfectamente lo que pienso.
-Lo sé.

Mateo se levantó de la cama y fue a la cocina a desayunar. Con el estómago vacío no se puede pensar bien.

3 de junio de 2012

Cuestión de puntos de vista.


Decís que una sola persona no puede destacar por más que lo intente, que hay mucha gente para ello. Pero, por ejemplo, si hay 5 millones de personas con tan solo una que se vaya la cifra cambia en todo, pasará de 5.000.000 a 4.999.999.
Ahora dime que no puedes destacar en lo que te propongas.

28 de mayo de 2012

Ciudad blanca II


-Cariño, mi jefe me ha enviado a Vitoria por asuntos de trabajo, ¡me pagarán muy bien! -Dijo Mateo con una sonrisa en la boca.

 -Nunca estás en esta casa mucho tiempo, tan solo lo justo para descansar y alimentarte. Nos tienes abandonados.

 -Pero cielo, ya sabes que son cosas de trabajo. Necesitamos ese dinero.

 -Dichoso trabajo, la vida no está hecha para malgastarla trabajando, ¡se trabaja para vivir y no al revés! 

-Lo sé...

 -"Lo sé" dices con esa cara de importarte una mierda lo que te digo.

 -Claro que me importa, pero no puedo parar de trabajar. Es el único medio para dar un futuro a nuestros hijos y a nosotros.

 -A cambio estás desperdiciando el presente, vives por y para esa empresa.

 -No quiero discutir más.

 Mateo se fue a las habitaciones de sus hijos, le tranquilizaba ver como dormían. Esperaba que esa sonrisa no se les quitara de la cara nunca. Le acarició el pelo a Marta, la hija más pequeña, y le dio un beso en la frente. Ella tenía el mismo carácter que la madre, no se le podía llevar la contraria sí querías ver un nuevo día... Y eso le fascinaba.
Mateo quería arreglarlo con su esposa antes de irse, quería decirle te quiero para que no se le olvidara, para que cada mañana que viera el sol sintiera que hay alguien que se acuerda más de ella que ella misma, para que cada vez que se derrumbe sienta ese "te quiero" como un colchón, como un saliente al que agarrarse. 

-Mi vida.

 -¿Sí? -Dijo con indiferencia.

 -Te quiero. Espero que no se te olvide nunca.

 -Lo sé, pero mucha veces dudo de a quién quieres más.

 -No digas bobadas.

 -Tu trabajo te absorbe. Si te pararas un segundo a verte delante del espejo te darías cuenta de lo que has cambiado.

 Se dirigió al espejo y se inspeccionó la cara. Su mujer llevaba razón, ya no había ni rastro de aquél joven con ganas de rebeldía. Todas las marcas de su piel transmitían seriedad, aburrimiento, monotonía. Él, el propio Mateo, había caído en la más terrible de las trampas, la rutina. Se había dado cuenta tarde, poco había que hacer ya.

16 de mayo de 2012

Ciudad blanca I



Era invierno, el invierno más duro desde hacia cincuenta años. Mateo andaba desorientado, confiando en que su destino le marcara el camino a seguir y que no encontrara muchas trabas para alcanzarlo. Recorrió miles de callejones, esquivando la gente que transitaba por las concurridas calles para llegar a una meta. Un sitio en el que años atrás conoció a la que hoy, después de tanto tiempo, sigue amando. Le gustaba cada gesto de su cara, amaba ese desdén en su actitud y sobre todo esos ojos azules como la mar. Lo que enamora a una persona no es una cara o un cuerpo. Son los pequeños detalles que las conforman, ese pestañeo, esa mirada perdida recordando tiempos pasados, esos labios mordidos...
Mateo se subió en cuello del abrigo hasta la cara, se limpió los ojos que le lloraban y continuó su travesia.
Mientras andaba fue recordando todo lo que le había llevado a esa situación. Cada detalle, por mínimo que fuera, si no hubiera ocurrido, el final hubiera sido totalmente distinto.
En 1920 él se sentía con toda la fuerza del mundo para poder llevar una familia y conseguir que sus hijos le miraran con esperanza y admiración. Tenía una mujer perfecta y una casa, que si bien no era una mansión con todo tipo de lujos, estaba en buenas condiciones. Trabajaba para una empresa de ferrocarriles donde él ocupaba la jefatura de todo un departamento, se encargaba de que todo funcionara a la perfección y de suministrar todas las piezas que componían el tren. Un tren que en aquella época era puntera en tecnología, podía transportar miles de toneladas sin apenas notar ese sobrepeso en la velocidad. El trayecto abarcaba gran parte de España y Francia, y tenía que luchar a muerte contra unas vías mal construidas desde su creación. Las innumerables reparaciones a las que habían sido sometida habían hecho mella.
Un problema surgió en Vitoria, unos ferrocarriles habían descarrilado por un frenazo brusco. El jefe de Mateo le hizo saber que tendría que marchar esa noche si quería conservar su puesto de trabajo. Aceptó sin rechistar, él lo hacía de buena gana, bien poco le importaba el no dormir, o el dejar sola en casa a su mujer. El amaba su trabajo, se le daba bien y, además, no estaba sometido a las normas y el "sinvivir" de una fábrica. Salió de la oficina con una sonrisa de oreja a oreja. Este trabajo tendría una recompensa económica contundente, su mujer iba a estar muy contenta. Lo cierto es que no podía saber cuan lejos de la realidad se hallaba.

Jorge Mateo. Con la tecnología de Blogger.